Fuerza de voluntad

La fuerza de voluntad

A menudo creemos que la fuerza de voluntad es una característica personal, algo que se tiene o no se tiene, cómo el que es rubio o moreno o tiene los ojos marrones o azules, sin embargo, hay numerosos estudios científicos que demuestran que, aunque hay personas que están más predispuestas a llevar unos hábitos saludables desde la niñez, la voluntad se puede trabajar y cambiar para adaptarla a nuestras metas.

Los beneficios de la fuerza de voluntad parecen extenderse mucho más allá de la infancia o la juventud. Terrie Moffitt, Doctor en Psicología, de la universidad de Duke, y un grupo de científicos, estudiaron el autocontrol en un grupo de 1.000 personas a los que se les hizo seguimiento desde que nacieron hasta los 32 años de edad como parte de un estudio de salud a largo plazo en Dunedin, Nueva Zelanda. Junto con sus colegas, Moffitt descubrió que los individuos con mayor autocontrol durante su niñez (según lo reportado por profesores, padres y por los propios niños) llegaron a ser adultos más saludables física y mentalmente, con menos problemas de drogadicción, con menos condenas por actos criminales y con mejores hábitos de ahorro y mayor solvencia económica. Resultados como estos confirman la importancia de la fuerza de voluntad en casi todas las facetas de la vida.

Ahora bien, los hábitos que llevamos en nuestra vida pueden no ser saludables, además, nuestro cerebro tiende a buscar la “ley del mínimo esfuerzo” para ahorrar energía para emplearla en actividades que requieran sí o sí de dicha energía, por ejemplo, desempeñar nuestras tareas en el trabajo o salir a correr. Esto es, si una persona al salir de su trabajo va a casa, se sienta en el sofá y pide comida china y si, además, lo hace durante varios días o meses consecutivos, su cerebro trazará ese camino, casi, cómo el que presiona el botón de encendido del ordenador o la televisión. Llegados a este punto, a la persona del ejemplo le costará mucho más revertir su situación y volver caminando del trabajo o cocinar su propia cena.

Sin embargo, si la persona del ejemplo quiere cambiar de hábitos, puede llegar a hacerlo recurriendo a la fuerza de voluntad, que en este caso es algo así como “resetear” nuestro cerebro. No le va a resultar tan fácil cómo resetear un ordenador y seguramente le llevará tiempo y esfuerzo.

La fuerza de voluntad es la capacidad de resistir las tentaciones a corto plazo para cumplir con las metas a largo plazo.

Llegados a este punto y si nos ponemos en la piel de la persona del ejemplo podemos tomar varios caminos; Podemos intentar cambiar de hábitos sin ayuda de nadie, lo cual es un camino arduo y con muchas posibilidades de fracaso, nuestro cerebro va a dirigirnos hacia el sofá y la comida para llevar. O bien, podemos pedir ayuda, lo cual aumenta exponencialmente nuestras posibilidades de éxito. Pero, ¿Quién nos puede ayudar? bien, podemos recurrir a un familiar o un amigo con el que nos propongamos salir a correr, quedar para caminar, ir a la piscina o para hacer la actividad física que más motive a ambos. El hecho de pedir ayuda y de contar con alguien que nos “empuje” hacia el camino que queremos recorrer y con el objetivo de llevar una vida más saludable es sin duda una gran elección.

Para llevar a cabo cualquier proceso de cambio es fundamental ponernos una meta realista, pero que a la vez suponga un reto para nosotros. Es importante también ponerse objetivos intermedios que nos ayuden a recorrer el camino hacia nuestra meta final y para todo esto es fundamental crear conciencia en nosotros mismos, conciencia de que realmente queremos cambiar y de que tenemos claro cómo hacerlo, para esto, para el “cómo”, es muy recomendable llevar un registro de lo que vamos haciendo.

Si recurrimos a un coach nos facilitará mucho la tarea de crear conciencia en nosotros mismos del cambio que estamos realizando, nos ayudará también a la hora de llevar un registro de los progresos y también de las “recaídas” que puedan surgir, también nos ayudará a aumentar la confianza en nosotros mismos, aumentando por tanto y de manera plausible, nuestras posibilidades de éxito.

Para realizar esta entrada de mi blog, me he apoyado en un artículo de la American Psychological Association.

Espero que os haya gustado, si es así, no dudéis en compartirlo en vuestras redes.

¡Buen día!

 

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